Antonio PascualCursosLibrosAlumnosContactarVariosMapa

BLOG

A partir de ahora mismo, ya se puede conectar con esta dirección para consultar el Blog de Antonio Pascual. Hemos dado este paso en aras de mejorar la calidad y la presentación del Blog, la visibilidad y rápido acceso a los vídeos, así como la comunicación con los contactos de las redes sociales en las que mantenemos presencia, LinkedIn y Xing.
Dentro de un par de meses, procederemos a retirar el blog de esta página y dejaremos exclusivamente un link con el nuevo que esperamos resulte del agrado de quienes lo vayan siguiendo con regularidad. Muchas gracias a todos.
(Podéis acceder clicando directamente encima de la imagen superior)

El nuevo Blog de Antonio Pascual

pascualpicarin.wordpress.com

Reflexiones desde la Rambla de Sabadell...

Viernes, 4. Marzo 2011 - 16:18 Horas
La superación y el trabajo en equipo

Hoy quisiera, para recuperar el pulso a este Blog que he tenido abandonado los últimos dos meses por razones profesionales que no vienen al caso, traer un vídeo que está adquiriendo mucha fuerza en la red con sobrados motivos. Es una historia breve, de superación personal sobre la que muchos habremos oído hablar, encontrado frases célebres y visionado películas. Tal vez, éste caso sea algo más atípico porque trata de un grupo de personas que forman un auténtico equipo pero que no son héroes, ni deportistas de élite, ni alcanzan grandes proezas de resonancia mundial, son gente como usted y como yo que creen en lo que hacen y luchan por conseguir lo que creen.

En Catalunya (Comunidad Autónoma de España, para los que seáis de fuera, y País con una larga historia y cultura muy enraizada a sus costumbres), es típico levantar castillos humanos –castellers- aprovechando cualquier fiesta o celebración, forma parte de nuestro entorno festivo junto con la Sardana, baile así mismo propio de nuestra tierra. Curiosamente, en ambos casos una persona no puede hacerlo sola, ni dos tampoco, se necesita un grupo y adquiere toda su belleza y plasticidad en cuanto actúan como tal al unísono.

Los castellers, requieren de una previa formación y entreno muy trabajado, siguiendo unos esquemas que permiten la competición entre los grupos –colles- de distintas ciudades cuando no incluso de la misma. Lo que le podría parecer a alguien que no conozca el esfuerzo que hay detrás de cada torre humana –castell- se aleja mucho de la realidad, nada es casual, la gente no se aglomera porque sí y todo tiene un porqué y un sentido que es lo que les permite mantenerlo hasta el final evitando al máximo su desmoronamiento con el consecuente riesgo de sufrir lesiones, algunas importantes, incluso defunciones.

La historia de los Castellers, recientemente proclamados Patrimonio de la Humanidad, es una historia de esfuerzo, de tesón, de caerse y volverse a levantar, de marcar unos objetivos y luchar por conseguirlos y de tratar de superar siempre a la competencia. Por eso me gustaría que lo vieran con calma y que se dieran cuenta de que, aunque no siempre conseguimos lo que nos proponemos a la primera, siempre tenemos más oportunidades para lograrlo. Y que ya no es sólo cuestión de hacerlo todo perfecto a la primera, lo importante es conseguir alcanzar nuestro objetivo y sentirnos satisfechos por haberlo llegado o haberlo hecho.

Además, un objetivo que tenga el listón bajo no nos sirve, porque corremos el riesgo de superarlo con facilidad; necesitamos objetivos asumibles pero con el rigor de sus dificultades para que se conviertan en un auténtico reto para que nuestro espíritu de superación tenga dificultades para poderlo alcanzarlo.

Y cuando caigamos, que caeremos, saber que nos hemos de volver a levantar para seguir el camino, como el grupo de castellers del vídeo, que nos llevará a alcanzar la gloria del triunfo que, a veces, sólo consiste en unos pocos aplausos o unas palmadas en la espalda.

Pero, saben, me quedo con la expresión de la chica que al bajarse del castell hace un gesto con la mano como diciendo, "lo hemos conseguido"; y, a continuación, el chico del primer piso haciendo un gesto con sus dedos índices y señalando a la base del castell, sin la que nada de lo que acabamos de ver hubiera sido posible. Esa es la esencia del equipo, de la superación, del esfuerzo y de la ilusión por conseguir algo… no remunerado en este caso.

Que lo disfruten

Pueden copiar esta dirección en la barra de su navegador (http://www.apascual.net/videos/Ho_portem_dins.avi) ó, si lo prefieren encontrarán el acceso directo para descargarse el archivo (es un poco lento pero vale la pena) en el apartado de Vídeos de este Blog

Antonio Pascual
Formador, consultor, interim manager

apascual@apascual.net
Móvil: 696.42.84.00
Rambla, 139 segundo, 08202 Sabadell (Barcelona)
Tel: 902.611.879
Fax: 93.722.08.76

Sábado, 11. Septiembre 2010 - 11:46 Horas
Liderazgo. Instruir a los estúpidos y prepotentes

Creo que con el título de este post será más que suficiente para haber llamado alguna atención si más no, por lo grosero del enunciado pero es que, en ocasiones, hasta la grosería está justificada.

Sé que ya no viene siendo habitual encontrarnos con situaciones como la descrita en el vídeo que podéis ver en http://www.apascual.net/blog/videos pero no por ello dejan de existir demasiadas. Muchos jefecillos, carguillos o como les queráis llamar –recordar que la categoría se gana, no se obtiene, te la conceden, no te la ceden- siguen cambiando sus actitudes al obtener el nombramiento y pasan a convertirse en déspotas, machistas, prepotentes y estúpidos. ¿Será cosa de la juventud? Quiero decir que, ¿será cosa de que al obtener los primeros logros profesionales se es demasiado joven para asimilarlo de golpe?.

Es cierto que la mayoría de nosotros obtuvimos nuestras primeras responsabilidades a tempranas edades, yo mismo lograba mi primer nombramiento importante con 25 años, una jefatura –interventor de oficina de primera categoría equivalente a lo que entonces se citaba como Jefe de Séptima dentro del escalafón profesional de la Banca- en La Caixa. No querría ahora enumerar el seguido de barbaridades que llegué a cometer en aquel período y de los que, de alguna, no me siento especialmente satisfecho. Los años enseñan y la propia vida te muestra el camino a seguir si no tienes la suerte de encontrarte con buenos profesionales que te corrijan y ayuden. Debo decir también, en mi favor, que mi Delegado en aquella oficina no era precisamente un ejemplo a seguir. La suerte quiso que, tras algún batacazo, encontrara una persona sensacional que me guió y me dio esa mano para seguir la ruta adecuada.

Quiero decir con todo esto que muchos hemos cometido errores de bisoñez pero hay algunos tics que van con el carácter del individuo y esos son ya más difícilmente corregibles. Pete Campbell , el de la foto superior, es un tipo de esos, machista, arrivista, despótico, insultante… forma parte de su perfil personal y, aunque en lo profesional pueda resultar brillante, alguien debería haberse tomado la molestia de no permitirle ascender en esa ficción caso de haberse tratado de la realidad. Lo malo es que, hoy y en la realidad, siguen ascendiendo tipos como ese. Por fortuna, Don Draper, le pone en su lugar de una manera clara e inequívoca lejos de encontrarse con alguien que le acabe riendo la gracia que hubiera sido lo más común y habitual en nuestro tiempo.

Recuerdo de mis años de adolescente que comenzaba a despertarse a los catorce años dentro del sector bancario, que cuando apenas había cumplido los diecisiete me topé en una oficina con un joven, bien vestido, con un coche deportivo y un buen salario con sus incentivos por pertenecer al equipo de Suplencias. Me trató con cierta deferencia por tratarse de un recién llegado a aquella oficina del Vallés, incluso establecimos una cierta relación personal. A los pocos meses de estar allí, hubieron unos cambios forzados por circunstancias profesionales y pasó a ocupar la dirección de la sucursal provisionalmente. Su comportamiento varió en 180º hasta convertirse con todos los compañeros en lo que realmente era, un prepotente. Hoy, ese personaje, es director de estudios de una importante escuela de negocios. Miedo me da que no haya cambiado su talante que, por lo que sé, sigue siendo muy parecido.

Amo a los tipos como Don Draper capaces de poner a cada cual donde se merece respetando a quienes le rodean y forman parte de su equipo.

Quedo, como siempre, a la espera de sus comentarios y dispuesto a colgar en el Blog cualquier otra reflexión que crean pueda ayudar a nuestros seguidores.

Antonio Pascual
apascual@genial.com.es
Móvil: 696.42.84.00

GENIAL Consulting Group
www.genial.com.es

Rambla, 139 segundo, 08202 Sabadell (Barcelona)
Tel: 902.611.879
Fax: 93.722.08.76

Sábado, 28. Agosto 2010 - 11:57 Horas
Liderazgo. Delegación de funciones

Hoy voy a presentar una nueva reflexión contenida en mis cursos relativos a las Habilidades Directivas y que tiene que ver con la delegación de funciones, tan exigida siempre a los directivos de las compañías que acusan una suerte de síndrome de Estocolmo, en el que acaban dependiendo del convencimiento de su imprescindibilidad profesional. Siempre hemos oído decir aquello de que 'nadie es imprescindible' pero no sé porqué no nos lo acabamos de creer y, lo que es peor, los hechos vienen en muchas ocasiones a demostrar lo contrario. La cuestión es, ¿quién tiene la culpa de que esto sea así más de lo debido?

En el corte de video de la serie House que hoy da luz a esta reflexión con una duración aproximada de catorce minutos, nos vamos a encontrar con hechos absolutamente extremos pero que vienen a reflejar las distintas caras que toma la situación una vez consumada la delegación de funciones por un líder de prestigio (por conocimiento y experiencia) dejando el poder en manos de su segundo, el doctor Eric Formean, persona con amplios conocimientos médicos y un currículo intachable pero sin las dotes de liderazgo necesarias para dirigir un equipo tan complejo como el conformado por los médicos que están luchando por la obtención de dos plazas permanentes al lado de House.

De hecho, Foreman, dispone de un estilo de dirección completamente opuesto al de su mentor, mucho más relajado, más respetuoso pero, no por ello, menos impositivo y egocéntrico, de hecho hay muchas maneras de ocultar nuestra verdadera tendencia interior a imponer nuestra voluntad. House no engaña, Foreman trata de simular su verdadera tendencia bajo unas formas mucho más suaves, elegantes y participativas. Y es que, realmente, una de las cosas que más se esperan de un líder es que sepa resolver las situaciones que se presentan. Ser líder no es sólo detentar el poder otorgado por la organización, ni ser el más simpático -popular- del grupo, ni el más querido -notoriedad- tampoco; ser líder implica ser, por encima de todo, resolutivo y que los demás confíen en ti y en tus dotes y conocimientos para sacarlos del atolladero. Estamos cansados de ver películas bélicas en las que, los dispuestos a morir, confían más en su sargento que en el teniente del equipo y mientras a uno le obedecen por obligación, al otro le siguen con devoción.

Bajo estas circunstancias, la delegación de funciones se torna compleja y difícil de acometer con el convencimiento de que, a nuestra marcha, todo va a seguir igual que si estuviéramos nosotros presentes, por lo menos en cuanto a los resultados. Nadie habla aquí de los estilos que cualquiera es bueno si los resultados responden a las expectativas esperadas.

A pesar de ello, hemos de seguir delegando y, lo más importante, desarrollar, desde los primeros momentos en los que somos merecedores de una responsabilidad, una labor pedagógica entre nuestros más directos colaboradores y muy especialmente con nuestros segundos respecto al significado de lo que es y representa un equipo y cada uno de sus componentes. Las cosas no giran alrededor de los líderes si no de los objetivos de la organización. Los líderes como el resto de componentes de cualquier organización son actores principales de una función no la función en sí misma. Todos trabajan al servicio de unos resultados y la obligación de todos es aportar la parte de su rol a favor del beneficio colectivo: el líder, el de dirigente comprometido, experto conocedor y exento de egocentrismo, abierto a todas las aportaciones y generoso en el reconocimiento; el de los componentes del equipo, el de colaboradores honestos, profesionales y dispuestos a realizar cuantas aportaciones e ideas sean necesarias en aras del bien común y el buen resultado del proyecto común que les une.

El caso que hoy propongo se encuentra perfectamente reflejado en el corto dispuesto en videos, Delegación de funciones (http://www.apascual.net/blog/videos) y que ayuda a comprender mejor lo expuesto.

Quedo, como siempre, a la espera de sus comentarios y dispuesto a colgar en el Blog cualquier otra reflexión que crean pueda ayudar a nuestros seguidores.

Antonio Pascual
apascual@apascual.net
Móvil: 696.42.84.00

GENIAL Consulting Group
Rambla, 139 segundo, 08202 Sabadell (Barcelona)
Tel: 902.611.879
Fax: 93.722.08.76

Entradas anteriores

Iniciar sesión